Si de restaurante de excelencia hablamos, La Cabaña ocupa un lugar privilegiado.

En efecto, La Cabaña es un restaurante típicamente argentino que nació en la Avenida Entre Ríos, decorado con un estilo normando, y que en poco tiempo se constituyó en una visita obligada de todo extranjero que pisaba esta ciudad, debido -especialmente- a la calidad de sus carnes. Entre sus visitantes estuvieron Charles de Gaulle, Fidel Castro, Joan Crawford, Madonna y muchos más.

¡¡¡ Se dice que fueron los que le dieron el nombre al “bife de chorizo” !!!

Después de unas tres o cuatro décadas, pasó a la calle Rodriguez Peña pero luego, tras un corto lapso, se ubicó en un lugar destacado como Puerto Madero. Este año cumple ochenta años de vida, manteniendo -yo diría mejorando- la calidad del servicio, sobre el que puede señalarse que sirve solamente carnes de Aberdeen Angus,  además, resulta notable la comodidad y elegancia de sus instalaciones y la excelente atención, con mozos, ayudantes, capitán, sommelier, encargado y camareras; todos con magnifica predisposición y excelente trato.

Las carnes son la especialidad de la casa, como también las empanadas y las achuras, pero hay otros platos para resaltar que se inscriben en lo que se denomina de cocina internacional.

La entrada está custodiada por un ejemplar vacuno y, a poco de pasar el lobby, se advierte su excelente cava que contiene un significativo número de etiquetas de alta calidad.
Cuenta, de esta forma, con un extensa y completa carta de vinos que incluye un excelente vino propio, esta vez un Malbec, elaborado por la reconocida enóloga Dany Rolland, propietaria junto al célebre enólogo Michel Rolland de varios chateaux franceses y una bodega en Clos de los Siete (en Valle de Uco). Este Malbec “La Cabaña” pasa doce meses en barricas nuevas de roble francés que, personalmente, me gustó mucho. Cómo opción se puede comprar para tomarlo en casa.

 

 

Las instalaciones son amplias y cómodas por lo que permiten que cada mesa, tanto las redondas o las tradicionales, en el salón o en la galería (en la imagen), mantengan su privacidad sin la molesta cercanía de otros comensales. Además, cada una de ellas tiene dimensiones considerables que permite amplitud de movimientos y la posibilidad de servir un menú complejo o disímil, sin dificultad, al igual que las distintas copas (de excelente calidad), que pueden utilizarse. Las mesas de la galería -que da al Dique 4, frente al Yacht Club de Puerto Madero- así como la mayoría de las del salón principal, permiten una magnífica vista del otrora viejo puerto de Buenos Aires (construido entre 1899 y 1902).

 

 

Posee, también, el distinguido y elegante Salón Pampa, en la plata baja y un  interesante salón en el primer piso, en los que se pueden realizar eventos privados, o cerrarlos para cenas especiales, cumpleaños o festejos de toda índole; en todos los casos con la misma calidad de atención y servicio que en los salones abiertos.

En definitiva, un lugar típico y clásico de Buenos Aires que resulta imperdible y que recomiendo con  énfasis.